PUNTO DE FUGA: Reality Metal


Hace poco veía la final de un famoso reality show musical rodeada de mi emocionada familia que apoyaba a su favorito con gritos incluidos (porque como todo el mundo sabe, el televisor es capaz de enviar tu buena vibra a través de la pantalla) cuando en la transición de mi póker face a un destello de casi empatía caí en la cuenta de que entre los finalistas no había ni un solo rocker.

Los cuatro competidores que se debatían el codiciado primer lugar, que les daría montones de fama y fortuna al mismo tiempo, se desvivían cantando pop y por supuesto ranchero; lo que seguramente es la fórmula más sencilla para ganar rating en un país latino, pero como que ya chole con lo mismo de siempre.

Recordando otros programas cazatalentos similares el resultado siempre es el mismo: ningún metalero ha ganado jamás el primer lugar al menos en México o Estados Unidos, aunque ha habido excelentes contendientes con propuestas rockeras muy buenas, se han quedado en el camino y no por falta de talento.

Basta recordar a ese chavito californiano que a los 21 años de edad  con todo y las complicaciones de sufrir los síndromes de Tourette y Asperger, logró colarse entre los cuatro finalistas después de interpretar rolas de  Aerosmith, Queen,  Journey, Bon Jovi, Judas Priest  y otras grandes bandas con un estilo muy particular que hacía enloquecer al público, aunque tampoco fue suficiente para quedarse con la victoria.

Historias sobran: en México una cantante Queretana intentó triunfar también con la fórmula rockstar pero una vez más las masas prefirieron apoyar talentos más convencionales.  Los ganadores son elegidos por el voto de la mayoría, los medios dictan las tendencias y así se crea este círculo,  que en un país  de música vernácula y pasión por las estrellas pop convierte la apuesta por el rock en una tarea titánica.

Promover nuevos proyectos en el mundo del rock nunca ha sido fácil, quienes han conseguido trascender en la escena mexicana tuvieron que picar piedra,  tocar miles de puertas y conseguir el apoyo de algún valiente interesado en la difusión esta música, marcada desde su nacimiento con la insignia de la rebeldía y el tabú.  Aún con todas las trabas, el camino al éxito musical en nuestro país es pan comido si lo comparamos con lugares como Irán, un lugar en el que las bandas deben tocar bajo tierra, encerrando los sonidos para evitar ser encarcelados por el gobierno.

Como un canto de libertad, el drama documental “Nadie sabe nada de gatos persas”, nos mostró la triste realidad de los músicos iranís cuando salió a la luz en el 2009.

En una cultura de prohibiciones,  donde los latigazos son parte del castigo a los infractores de la ley, el director Bahman Ghobadi  (Las tortugas también vuelan) junto con diferentes bandas hace un recorrido por la rica escena musical que se esconde en Teherán al mismo tiempo que lucha por salir al mundo.

Hay que reconocerles los pantalones a los protagonistas de ésta gran cinta, que dan la pauta en eso de Pelear por un ideal, enfrentándose al peligro que una producción así representa y que los obligó a abandonar el  país en el mismo segundo en que se terminó de rodar la película.

No cabe duda que el underground siempre ha tenido ese toque de encanto prohibido.

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Por Angélica Escobedo
@lccangelica

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Un comentario el “PUNTO DE FUGA: Reality Metal

  1. El rock no es el camino a la fama y dinero y los que entran a estos programas es lo que buscan, y al final consiguen más fama que lana.

    Aunque tal vez en Noruega podría ganar un black metalero.

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